COMUNIDAD EL NUEVO PARQUÉ  ====>  

“No, no, no. Bear Stearns está bien. Bear Stearns no tiene problemas. No mováis vuestro dinero de ahí. Eso sería estúpido. No seáis estúpidos”. Con estas palabras, Jim Cramer, el gurú bursátil de la cadena financiera CNBC, cavaba una tumba para su credibilidad el pasado 11 de marzo, cuatro días antes del colapso del banco de inversión. Sin embargo, el desafortunado augurio de Cramer fue superado el 10 de septiembre por Jim Chanos, el mayor inversor ‘bajista’ del mundo. El experto afirmó, también en la CNBC: “probablemente hemos visto lo peor en el sector financiero“. Chanos añadió: “no estamos cortos en Lehman Brothers y no lo hemos estado”.

Menos de una semana después, Lehman anunció su quiebra y Merrill Lynch fue adquirido por JP Morgan. En las semanas siguientes, varios bancos recibieron inyecciones públicas de capital. Estos son tan sólo dos de los ejemplos más palpables del descrédito que están sufriendo los grandes genios de las finanzas. En los últimos meses, más de una docena de afamados gestores e inversores internacionales se han visto alcanzados por la crisis y, en algunos casos, las correcciones bursátiles de sus sociedades han superado a las del S&P 500.

Por otra parte, muchos gurús se han visto atrapados en inversiones de riesgo y están teniendo problemas para eludir los números rojos. Ejemplo de ello es el mítico George Soros, el filántropo y especulador que amasó una fortuna con el derrumbe de la libra. A mediados de agosto, Soros elevó su participación en Lehman Brothers hasta convertirse en el 13º mayor accionista de la firma. Posteriormente, el derrumbe del precio de las materias primas supuso un serio revés para el inversor, que había tomado posiciones en la compañía petrolífera Petrobras y otras empresas vinculadas a las materias primas. Junto con Soros, son muchos los expertos que por su actuación durante la crisis han comenzado a ver erosionada su credibilidad.

Poco ejemplares
En la lista de gurús perjudicados por la crisis destaca Bonne Pickens, cuya fama como gestor de materias primas sólo se ve superada por la de Jim Rogers. A finales de octubre, The Wall Street Journal afirmó que la mitad de los inversores del hedge fund energético de Pickens, BP Capital, habían expresado su intención de deshacer posiciones, después de que el fondo perdiera un 60% de su valor en el año. Entre junio y octubre, el valor de este fondo se redujo en 2.000 millones de dólares.

Por otra parte, Kirk Kerkorian y Adolf Merckle han sufrido en los últimos meses por su exposición a las grandes firmas automovilísticas. En concreto, Kerkorian se ha visto obligado a utilizar parte de su capital en la cadena hotelera MGM Mirage como aval para hacer frente a la deuda asumida tras la compra de su participación en Ford. La situación de Merckle es aún más delicada, ya que debe obtener 1.100 millones de euros para salvar a su sociedad de inversión, VEM Vermoegensverwaltung, de la quiebra, tras sus malas inversiones en Volkswagen.

Sin embargo, el caso más paradigmático es el de Warren Buffett. Aunque el prestigio del ‘Oráculo de Omaha’ está fuera de toda duda, los inversores están muy preocupados por la exposición del inversor a los derivados. Las acciones de su compañía, Berkshire Hathaway, han caído un 18% desde el 7 de noviembre, cuando el grupo reconoció que las provisiones asociadas a sus contratos de derivados rondaban los 6.730 millones de dólares al final del tercer trimestre.

Buffett insiste en que los cuatro principales índices de Wall Street deberían descender hasta 0 para la compañía estuviera en peligro. Sin embargo, la semana pasada el precio de los contratos de CDS (empleados para protegerse contra un impago) de los bonos corporativos de Berkshire se dispararon hasta niveles propios de la deuda de bonos basura. El encarecimiento de estos productos es un reflejo del recelo que comienza a despertar la exposición de Buffett a los derivados, un producto que, según sus propias palabras, son “armas de destrucción masiva”. A pesar de todo, la credibilidad de los grandes gurús aún se mantiene en niveles elevados, comparado con el descrédito que están sufriendo algunos bancos de inversión.

Casos paradigmáticos
Las recomendaciones realizadas por grandes bancos de inversión sobre algunos valores han sido tan controvertidas que, a lo largo de los últimos años, el mercado ha ido desacreditando a estas firmas, en la misma medida que la credibilidad de sus informes se iba perdiendo. Ejemplo claro de ello ha sido el caso de Acciona y Citigroup, sobre todo después de que la constructora irrumpiese en Endesa. A partir de ese momento, el banco de inversión estadounidense se “enamoró” de la compañía española hasta el punto de subirle, en apenas dos meses, el precio objetivo en 100 euros, situándolo en los 265 euros. Sin embargo, los títulos de Acciona jamás tocaron ese nivel y, desde la fecha en la que se emitió el informe (23 de julio), la empresa ha perdido en el mercado más de un 60% de su valor.

No obstante, el caso más reciente (y más doloroso para la credibilidad de estas firmas) sigue siendo el de Vueling y Morgan Stanley, aerolínea que salió a bolsa de la mano del banco de inversión a un precio de 30 euros por acción y que, pocos meses después, veía cómo esta misma firma rebajaba su precio objetivo hasta los 2,50 euros. Es decir: Morgan Stanley habría colocado acciones de la aerolínea de bajo coste que, según sus propias estimaciones, estaban sobrevaloradas en más de un 1.000%. En este caso, las previsiones de Morgan Stanley sí se cumplieron o, al menos, se acercaron mucho, aunque queda el dilema moral que plantea el hecho de que un colocador cambie su criterio respecto a un valor en cuestión de semanas, vendiendo a sus clientes un producto que podría depreciarse rápidamente.

Fuente: Negocio (25/10/2008)